LO SALVAJE ALTERADO


LO SALVAJE ALTERADO

Rosa Muñoz habita en los espacios de la fantasía. Fabula con la imagen, resuelve lo vegetal en sueño, en ficción, en travesía. Ha encontrado en el bosque el sitio donde la imaginación sobrevuela territorios incógnitos que vuelven a ser leídos de otra manera. Rosa Muñoz habita sus naturalezas con ausencias. Sitúa una cama, un armario, un sillón, una mesa sin comensales, una casa sin nadie... Y así va llenando de sombras lo que es algo más que escenografía momentánea. Diríamos que esta artista desintegra los espacios naturales empuñando una luz saturada con la que asalta y asombra al espectador.

En su caso, pese a las ficciones, la fotografía es verdad.

En esta serie de instantáneas, Rosa Muñoz hace del entorno arquitectura, domestica lo oscuro del bosque hasta hacerlo brasa de hogar, claridad inesperada, poderoso contraste. Estas instantáneas se resuelven entre la desnudez de lo esencial y la manofactura que trae el utillaje humano injertado en el corazón de lo verde, en la cadencia del fluor. La luz es una herramienta más de esa construcción que no es de raíz onírica, sino que tiene en sí una misión arquitectónica. No sólo revela, sino que ordena, o desordena, y ejerce una dictadura protagonista en la escena.

Hay una saturación pop del color, pero que Rosa Muñoz sabe llevar a un territorio propio y personal subvirtiendo las convenciones escolásticas. Está en su propia tradición, sin hacer caso de la procelosa biblia de la moda. Las fotografías que ahora muestra fueron desarrolladas entre 2003 y 2006. De una fecha a otra, la artista no ha dejado de buscar en los pliegues del bosque hasta 'devorarlo' por completo. Sucede con osadía en imágenes poderosas y de temperamento barroco como 'La casa de Hinojales'. En realidad no sabemos qué se mira cuando se mira, por eso ella asume la libertad radical de quien está en la acción transformadora de lo que ve antes que en la espectación pasiva. Por eso su bosque, su jardín botánico, es un espacio interior conjurador y mágico.

Las imágenes son detonaciones que suceden en la naturaleza, cosificación de lo orgánico, humanización del entorno salvaje. Esa es la capacidad que tiene Rosa Muñoz cuanto toma una cámara y altera e inventa lo que ya de por sí es indomable y ha nacido sin norma. Lo dice bien Susan Sontag: "En la manera de conocer moderna, debe haber imágenes para que algo se convierta en real". Esa podría ser la poética que asume esta artista, la de inventar, la de rehacer, la de ensanchar lo que el hombre asume previamente. Sus fotografías son un desquiciamiento de la sintáxis del paisaje. Lo que éste nos viene a decir sucede en sus instantáneas como un algo nuevo. Pues ha sido felizmente violado por un bazar de artefactos, por un desafío de trastos, por un rumor doméstico que ahora está desintegrado. Es la huella humana en el rugiente esqueleto del campo.

ANTONIO LUCAS


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