Rosa Muñoz, fotógrafa, Madrid. Spain. Exposiciones

MENTIRAS VERDADERAS.
Exposición Museo MACUF
Texto de Paco Carpio

MENTIRAS VERDADERAS.<br>Exposicin Museo MACUF<br>Texto de Paco Carpio

La verdad existe. Slo se inventa la mentira

Georges Braque, Penses sur lart.

Me gusta pensar que la vida, es decir, esa esfera de espacio-tiempo que rueda siempre cuesta abajo desde el momento en que nace, traza en nosotros y en el resto (aproximadamente otros seis mil millones de esferas rodantes) dibujos simtricos socirtmis. Una especie de jardn de senderos que se bifurcan, tal como deseaba y fabulaba mi querido y admirado Homero Borges, y que tambin aadira yo- se entrecruzan. Quizs por ello no resulte extrao que siguiendo ese impulso esfrico comience este texto por el lugar exacto en que dej otro anterior. Me explicar.

Hace no mucho tiempo, terminaba A travs de las grietas, ese texto anterior al que me refera, escrito para el catlogo de otra exposicin de Rosa Muoz, con estas palabras: En mi opinin, esta nueva propuesta [] sigue inventando espacios para el sueo y la fantasa, construcciones que atraviesan el espejo de la realidad agrietada, incrustando cuas de ficcin y friccin entre sus grietas; del mismo modo que lanza, por otro lado, un guio cmplice a toda una esttica prxima a lo que podramos calificar de arqueologa industrial, presentando la lucha desigual entre el tiempo lquido del pasado (las antiguas fachadas) y el tiempo metlico del futuro (las palas excavadoras, los gatos mecnicos, los pilares de sujecin y andamiaje). Una lucha que slo puede ofrecer cierto equilibrio en el imaginario de estos trabajos, que concitan un casi imposible dilogo, y que incitan a soar con el improbable paisaje futuro de un mundo de fusin y no de confusin.

Lo maravilloso de autocitarse es que prcticamente nunca cae uno en el peligro del plagio...

Suscribo ahora, algo ms de un ao despus, todo lo que entonces apuntaba y prcticamente aventuraba- sobre este nuevo work in progress que estaba por entonces iniciando. Y a esas palabras angulares que empezaron a cimentar el edificio nunca mejor dicho- de sus fotografas: fantasa, arqueologa industrial, tiempo pasado y futuro, fachadas, excavadoras, andamiajes, quiero aadir en este momento (seguramente slo un punto ms de tangencia de mi vida-esfera con el plano inclinado de la vida) otras dos nuevas palabras: ficcin y construccin.

Esta serie de fotografas son otra andanada ms a la lnea de flotacin de esa vieja idea casi mejor mana- que consideraba al lenguaje fotogrfico como poco ms que un simple instrumento de copia de la realidad. Una idea, la de mmesis, que por otro lado vena sustentando desde la Grecia clsica (mimetik) el cada vez ms oxidado engranaje de la cultura visual y plstica de Occidente.

En ese mismo empeo por signar la mdula de la fotografa en su carcter histrico, es decir en la angustiosa necesidad de que su existencia slo poda tener sentido y contenido en cuanto al nico hecho de haber sucedido, de haber pasado, de haber tenido lugar, se encuentra lo que Roland Barthes manifiesta como una condicin sine quanon para que pueda existir:

Llamo referente fotogrfico no a la cosa facultativamente real a que remite una imagen o un signo, sino a la cosa necesariamente real que ha sido colocada ante el objetivo y sin la cual no habra fotografa. La pintura, por su parte, puede fingir la realidad sin haberla visto [] Contrariamente a estas imitaciones, nunca puedo negar en la fotografa que la cosa haya estado all. Hay una doble posicin conjunta: de realidad y de pasado. Y puesto que tal imperativo slo existe por s mismo, debemos considerarlo por reduccin como la esencia misma, el noema de la fotografa. Lo que intencionalizo en una foto no es el Arte, ni la Comunicacin, es la Referencia, que es el orden fundador de la fotografa. El nombre del noema de la fotografa ser pues: Esto ha sido. (1)

Pues lo siento amigo Roland, pero esto no siempre ha sido; ni falta que le ha hecho No estar de ms recordar tambin ahora esa tristemente famosa (y monstruosa) boutade baudelariana que rebajaba la fotografa a un humillante papel de criada de las artes, una mera funcin de reproduccin de las obras artsticas consagradas, una reproduccin que, inevitablemente, tena que acabar rimando con imitacin pero, aparentemente, no con creacin

Despus, curiosamente, Walter Benjamin situara justo en ese carcter de reproductibilidad la aportacin autnticamente innovadora de la fotografa. El aura de la obra de arte (al igual que el Dios de Nietzche) al parecer haba muerto para siempre. Lo que naca era un nuevo medio, un nuevo lenguaje y, probablemente tambin, un nuevo concepto aurtico, un nimbo diferente pero asimismo lejano e inaprensible; en definitiva, un nuevo halo de haluros de plata.

De esta forma, la fotografa, lejos de seguir siendo una criada, ha acabado convirtindose en una gran dama-lenguaje, totalmente asumida y asimilada por un vertiginosamente creciente nmero de sbditos y adeptos que utilizan este medio como vehculo de expresin y de creacin. Un medio cada vez ms mestizo e hbrido, ms contaminado por una verstil diversidad de tcnicas, soportes y estrategias.

La fotografa, seguramente la ms profunda y perfecta prolongacin del ojo (que es la prolongacin del cerebro, del corazn e incluso del estmago), acta como un captulo fundamental y fundacional- en la Historia del Ojo del Arte.

En este breve alegato del poder creador y por tanto ficcional- de la fotografa en contraposicin al simple papel imitador de una realidad siempre cuestionable, me interesa recordar las palabras, una vez ms lcidas, vertidas-pervertidas por Joan Fontcuberta en su obra El beso de Judas. Fotografa y verdad:

En las artes visuales se ha acentuado la problematizacin de lo real en una dinmica que nos arrastra efectivamente a una profunda crisis de la verdad. Puede ser, como sostiene Jeffrey Deitch, que el fin de la modernidad sea tambin el fin de la verdad. Lo que ocurre en la prctica es que la verdad se ha vuelto una categora escasamente operativa; de alguna manera, no podemos sino mentir. El viejo debate entre lo verdadero y lo falso ha sido sustituido por otro entre mentir bien y mentir mal.

Toda fotografa es una ficcin que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografa miente siempre, miente por instinto, miente porque su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable. Lo importante es cmo la usa el fotgrafo, a qu intenciones sirve. Lo importante, en suma, es el control ejercido por el fotgrafo para imponer una direccin tica a su mentira. El buen fotgrafo es el que miente bien la verdad (2)

As las cosas, contra la mera reproduccin, emblema de esa verdad, en el fondo tan poco veraz, aparece en estas obras la ficcin como principal compaera de viaje artstico de Rosa. Un viaje en el que consigue mentir muy bien la verdad. Ficcin que termina provocando una autntica y sugerente friccin entre nuestras neuronas imaginativas. Ajena por completo a la fotografa documental, Rosa Muoz se decanta por la fotografa escenificada, creando imgenes de una extraa belleza (3)

Precisamente, y volviendo a ese mismo texto anterior, que oficia aqu como una suerte de gozne verbal, uniendo finales e inicios como una especie de banda de Moebius escrita, hablaba yo tambin de un nuevo camino que Rosa Muoz haba emprendido no hace mucho con la energa, la ilusin y la curiosidad que todo caminante coloca en el fondo de su mochila, cuando inicia un nuevo viaje- hacia otros territorios de representacin (que en este caso, rimaba con recuperacin, uno de los objetivos de su pesquisa).

La propia artista nos dir en este sentido: realizo todo un trabajo de archivo y documentacin de fachadas y establecimientos antiguos de Madrid y otras ciudades que se encuentran a punto de desaparecer. Considero necesario hacerlo en este mundo globalizado en el que la prdida de estos pequeos comercios locales harn que se pierdan tambin gran parte de identidad urbana, histrica, antropolgica y sociolgica de las ciudades (haciendo que d igual encontrarse en Madrid que en Bruselas, por ejemplo). As, dentro de una dcada cuando hayan desaparecido, podremos revisitarlos a manera de homenaje en mis imgenes.

El punto de partida de este proyecto era, pues, levantar, a modo de homenaje, acta notarial-visual de una serie de comercios, pequeos, modestos, aparentemente prescindibles ante la voracidad de los grandes centros comerciales, que reflejaban un tiempo otro de compra, venta y anlogamente de comunicacin humana. Humildes y, si se quiere, trasnochadas tiendas y tiendecitas, que van desapareciendo, lenta e inexorablemente, de la superficie de las ciudades y de la escenografa de nuestros paisajes urbanos ms lejanos y entraables, para dar paso al globalizado oleaje de las grandes superficies. Ante esta marea es difcil (es imposible) luchar, al menos con las fras y literalmente- despiadadas armas de la pura y dura economa.

Pero qu ocurre si alguien toma entre sus manos, su corazn, y su cerebro, las ms sutiles y menos mortferas armas de la creacin artstica? Estoy seguro que esta posibilidad impuls el deseo de Rosa por presentar batalla, pica y desmedida, (como todas las batallas inicialmente destinadas a ser perdidas) ante el dragn de cien cabezas de las poderosas superficies comerciales.

Y as, una vez ms, por el arte de magia de la magia del arte en este caso, de la fotografa-, inici un apasionante registro de clasificacin y recuperacin de lo que sin duda constituyen autnticos documentos de nuestra cultura comercial y urbana.

La primera etapa de este verdadero tour (de force) comenz en Madrid, como un paisaje urbano inicial, como una primera carto(foto)grafa que recogiese esas visiones de la ciudad, normalmente ligadas a los barrios antiguos y con una mayor ptina de memoria histrica. A partir de esa previa estacin, su idea es la de ir ampliando el registro y la taxonomizacin a otras ciudades, primero de Espaa, y en un segundo momento, de ms all de nuestras fronteras, con las que armar todo un corpus (y un spiritu) visual-mental que encaje dentro de los parmetros y paradigmas de la arqueologa industrial y urbana.

Los estadios iniciales de este singular proyecto, como era previsible, arrancaron de la geografa bidimensional caracterstica de la representacin fotogrfica. De esa forma, las fachadas de las tiendas en un primer momento se presentaban ante el ojo del espectador desde un punto de vista puramente plano: longitud versus altura. Pero muy pronto, la esclavitud de las dos dimensiones empez a verse superada por un deseo de insuflar volumen a estas imgenes, y de esa manera, las fachadas se han ido trasformando paulatinamente en las caras de un hexaedro, signado por una voluntad 3D, incorporando pues la profundidad como tercer invitado a este party volumtrico.

Con estas mecnicas espaciales consigue dotar a sus fotografas de una elevada temperatura objetual, cosificndolas y transmitindoles un latido de fisicidad ms poderoso y ms real. Lo que me lleva a encajar aqu y ahora -como ese pieza del puzzle que parece que nunca va encontrar su encaje y su anclaje- la otra palabra que esperaba su turno, sentada en el sof de mi cerebro: construccin.

Porque en estas obras, y con un afn clasificador totalmente opuesto en cuerpo (de color) y en alma (de ludicidad) a las rigurosas, sesudas, fundamentales yreconozcmoslo tambin- con frecuencia aburridas taxonomizaciones promulgadas por el matrimonio Becher (lo que Dios ha unido que el arte lo mantenga), Rosa Muoz nos propone por su parte, y por su arte, unas singulares y plurales tipologas, a partir de las (de)construcciones con las que va levantando estas estructuras.

De esa forma, lo que inicialmente nace como imgenes, termina creciendo como objetos, como entidades tectnicas, como construcciones. Hace ya tiempo que la fotografa dej de ser un lenguaje plano para constituirse en fabricante de criaturas insufladas de dimensiones, y tambin de emociones, no lo olvidemos. Como tampoco debemos olvidar que, de un modo nada casual, nuestros queridos Becher hay que citarles de nuevo- recibieron en la Bienal de Venecia de 1980 el premio de Escultura (sic)

Cosas veredes, y tambin cosas verdicas.

Construcciones, en fin, a las que, del mismo modo que Estratia, la ciudad invisible contada-cantada por Italo Calvino, cada nuevo amanecer aada mgicamente un nuevo piso a sus casas, a sus templos, a sus palacios, a sus lupanares, a sus prisiones, a sus teatros y a sus cementerios (3), las edificaciones que habitan en sus fotografas, van creciendo tambin a partir de nuevas capas de fachadas que se asientan unas encima de otras, otras encima de unas.

Como si estuvieran vivas, cada una de ellas salta, trota y brinca hasta emparejarse con otras camaradas-fachadas, igual, igual que si se tratara de las piezas hexadricas de un rompecabezas juguetn y algo caprichoso.

Pueden formar los bancales colgantes-hilarantes de unos postmodernos jardines de Babilonia, sostenidos por los eslabones de una cadena gigantesca, o por los tambin eslabones de agua del agua, que dibujan surtidores hmedos y a la vez metlicos.

Pueden formar una torre de Babel -pero no de papel- por acumulacin de escaparates, letreros, cierres metlicos, mercancas expuestas y memorias ocultas. Una torre que asciende a los cielos o tal vez a los inviernos de su precario destino. No puedo ni quiero- evitar ahora citar estas palabras de J. E. Cirlot: en el simbolismo de la torre cabe hallar una ambitendencia. Su impulso ascensional ira acompaado de un ahondamiento; a mayor altura, ms profundidad de cimientos. Nietzsche habl de que se desciende en la medida en que se asciende (4)

Pueden formar la extraa arquitectura de una gra-hombre y/o de una gra-mujer, asentada sobre nicamente ocho patas de metal y engranajes. El vstago-vestigio de una futura arqueologa post-industrial que, apiadndose de esas pobres y moribundas fachadas-escamas, les permite compartir su piel y sus msculos de acero, mientras ejecuta, no se sabe bien si una danza o el camino hacia un nervioso destierro. El fondo se vuelve gris-metal, y el gris-metal acaba volvindose negro.

Pueden formar la esfrica masa de un planeta, o tal vez la redonda humanidad aliengena de un asteroide, girando sobre su propio eje en un movimiento rotatorio/gravitatorio. Continentes de fachadas, ocanos de portales, nubes de viejos rtulos; una geo(foto)grafa imaginada rueda y rueda, como un baln de oxgeno, helio y nitrgeno: la singular atm(e)sfera de esta esfera.

Francisco Carpio

Mayo, 2010

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